por Michael W. Taft Science and Nonduality,
¿Te sientes atascado en tu práctica? ¿Te produjo la meditación al
principio grandes cambios de vida positivos, pero ahora años después te
sientes como si estuvieses flotando en el agua sin la sensación de
avanzar? La meditación mindfulness (de la atención plena) es una
práctica extremadamente útil y provechosa, pero eso no significa que sea
perfecta, o que no tenga trampas. De hecho, no es raro que los
profesionales del mindfulness a largo plazo se queden atascados en un callejón sin salida particularmente pernicioso, que se llama la trampa del observador. Vamos a ver aquí lo que es y cómo librarse de este callejón sin salida.
El último bastión
Muchas tradiciones ―especialmente la meditación mindfulness―
te animan a observar tu experiencia sensorial de una manera neutral.
Observa tu respiración, observa las emociones, observa los pensamientos,
y así sucesivamente, sin reaccionar a ellos. Esta técnica de
observación funciona muy bien porque te da algo así como una perspectiva
exterior de tu propia experiencia. Puedes observar tu propia mente, tus
reacciones, tus emociones, tu comportamiento casi desde la perspectiva
de otra persona, y esta es una retroalimentación enormemente útil.
Conduce a la ecuanimidad, y al enorme crecimiento personal del que los
defensores del mindfulness siempre están hablando.
Sabiendo que esta posición del observador es tan útil, en
realidad, muchos maestros/profesores se detienen ahí y no hablan acerca
del próximo paso importante en el desarrollo espiritual. Pero hay un
problema oculto con la técnica de la observación, que se hace evidente
una vez que se piensa en ello. ¿Quién es el observador? ¿Quién es esta
persona que está detrás de los binoculares, viendo tu experiencia desde
el exterior? Este observador neutral que has creado con el tiempo es en
realidad otra ―aunque sea más pequeña y menos neurótica― versión del
ego. Es el sentido de ser una persona que está haciendo el
meditar. También se podría llamar un ego meditador o un ego observador.
La creación de este observador neutral es muy útil, pero el objetivo de
la meditación no es crear un nuevo ego meditador, es ver a través de la
ilusión del ego por completo.
Es bastante común, incluso para los estudiantes muy dedicados en
las tradiciones basadas en la observación, quedarse atascados para
siempre en el modo observador. Lo he visto una y otra vez en mi
experiencia. Ser el observador, un ego meditador neutro, no es un mal
lugar para estar; sin duda es mucho más preferible que el modo de vida
inconsciente y robótico vivido sin ningún tipo de auto-reflexión. Sin
embargo, impide todo progreso más profundo hacia el despertar real. Así
que la única manera de avanzar es dejar de lado al ego observador; y
liberarse del sentido de ser una persona que está haciendo una
meditación.
Por ejemplo, el filósofo espiritual Ken Wilber
cuenta la historia de su primer despertar. Sucedió en un retiro Zen, en
el que se encontraba en un estado profundo de observación de su propia
experiencia. El maestro zen le dijo: "El [observador] es el último
bastión del ego". Wilber dice que "algo se rompió" dentro de él
entonces, y se hundió en un profundo estado de despertar. Había dejado
ir al ego observador, dejado de ser un meditador, y en su lugar se había
convertido en la actividad de la meditación en sí. Su historia no es
tan inusual en el camino del despertar. Puede ocurrir de muchas maneras.
Observar al observador
Para librarse de la trampa del observador, empieza por darte
cuenta de que el observador, aunque cómodo o habitual, todavía es sólo
otra versión del ego. Has pasado horas y horas observando la respiración
y tus emociones y tus pensamientos. Ahora es el momento en cambio de
observar al observador. Tienes que observar al observador. Esto lo
haces, al estilo típico del mindfulness, mediante la cuidadosa deconstrucción de los componentes del propio observador.
El ego observador se construye a partir de los mismos componentes
que el ego cotidiano, pero a una escala más pequeña. La mente cotidiana
tiene pensamientos acerca de todo tipo de cosas, el observador tiene
pensamientos acerca de cómo va la mediación, o cuánto tiempo falta para
que termine esta sentada (sentarse en meditación zen). El ego cotidiano
tiene emociones sobre todo tipo de cosas, pero el observador tiene
emociones acerca de cómo va esta sentada, o incluso sentimientos felices
de amor y alegría. El ego cotidiano tiene todo tipo de sensaciones
corporales, pero el observador tiene un conjunto muy especial de
sensaciones del cuerpo: las sensaciones de dónde él/ella se imagina que
se encuentra la conciencia.
Esta última indicación necesita un poco de desembalaje, ya que es
algo sutil. La mayoría de la gente se imagina que la conciencia está
centrada en un punto en su cabeza, por lo general en algún lugar
alrededor de los ojos. Se trata de una ilusión natural, dado que los
ojos, oídos, lengua y nariz están ubicados en la cabeza. Pero si, por
ejemplo, sientes tu pie en este momento, es probable que imagines que de
alguna manera lo estás sintiendo desde tu cabeza. Es como si una luz de
la conciencia se proyectara hacia abajo, hacia el pie. En realidad,
tienes nervios en el pie que te permiten sentirlo justo desde el pie.
(Por supuesto, estas sensaciones se procesan en el cerebro, que se
encuentra en tu cabeza, pero eso no viene al caso ― nunca eres
consciente de ese nivel del hardware del cerebro.) Lo mismo sucede con
el ego observador. Se sentirá como si estuviera de alguna manera
localizado en la cabeza y observando desde ese punto. Pero eso no es más
que un conjunto arbitrario de sensaciones físicas (probablemente
situadas alrededor de los ojos) que tú has decidido que es donde se
encuentra la conciencia. Esas sensaciones son también parte del ego
observador.
Así que para superar el problema del observador y salir del
atasco en tu práctica, observa de cerca las sensaciones (es decir, los
pensamientos y sentimientos) asociadas con el ego observador. Esto puede
ser muy incómodo al principio, pero es aquí donde tus muchos años de
practicar la observación neutral vienen en tu ayuda. Éstos son algunos
consejos sobre cómo hacer esto:
Observa cualquier pensamiento que tengas acerca de la
meditación en sí. Por ejemplo: "Estoy teniendo una buena meditación".
"Estoy haciendo la técnica mal". "Me gustaría que mi concentración fuera
más profunda". "Espero que llegue pronto el almuerzo", y así
sucesivamente...
Observa cualquier emoción que tengas acerca de la meditación en
sí. Por ejemplo: frustración acerca de cómo va la meditación, alegría
de experimentar una profunda meditación, pánico acerca de cuánto tiempo
puede durar la sentada, y así sucesivamente.
Observa las sensaciones que tengas acerca de dónde parece estar
localizada la conciencia. ¿Sientes que está centrada en la cabeza?
¿Detrás de tus ojos? Date cuenta de cualquier sensación corporal que
asocias con el observador. Obsérvalas con mucho cuidado.
En general, date cuenta de cualquier sensación de que estás
haciendo algún esfuerzo para meditar. De dondequiera que este esfuerzo
parezca estar viniendo, date cuenta de eso. Deja que la meditación sea
una experiencia sin esfuerzo, no un hacer con esfuerzo.
Libertad
Si observas cuidadosamente al ego observador de esta manera, con
el tiempo, será deconstruido exactamente de la misma manera en que tu
gran y torpe ego cotidiano lo hizo desde el principio de tu práctica.
Sin embargo, esta deconstrucción es diferente. Con este despliegue viene
un despertar profundo y duradero.
Podrías pensar que sólo estás creando otro ego que tendrás que
deconstruir de nuevo, pero no funciona de esa manera. Una vez que has
aprendido la manera de socavar el sentido de ser el meditador, no
creerás ni darás por sentado a otros nuevos que surjan. Sabrás que todas
las sensaciones de un lugar permanente para la conciencia son falsas.
Sabrás que todos los pensamientos y sentimientos, incluso los que tienen
que ver con la meditación, son simplemente contenidos que surgen en la
conciencia.
Si estás atrapado en la trampa del observador, esta sola técnica
puede llevar a tu práctica desde un estancamiento rutinario y mecánico a
una experiencia profundamente viva y vital muy rápidamente. Incluso si
has pasado años de meditación monótona sin que parezca que hay progreso,
esto puede liberarte de tus ataduras. Y de eso, después de todo, es de
lo que se trata.
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