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viernes, 24 de marzo de 2017

Las emociones negativas son fundamentales para la salud mental... déjalas ser

Entender que las emociones negativas y “malos” momentos son parte de la vida, curiosamente resulta liberador para la mente.
El aparato de la felicidad como lo conocemos ahora, es en realidad bastante nuevo. Durante milenios, generaciones y generaciones asumían con naturalidad que esta vida, entendida como felicidad plena, es una utopia, y más contracultural aún (al menos así suena hoy) ello no le quitaba lo bello o que mereciera ser vivida.
Como ejemplo tenemos fragmentos de los Huhuetlatolli, la palabra antigua de los mexicas, donde en algunas cartas de un padre dirigidas a su hija se muestra cómo en la cosmovisión de esta cultura, este era un mundo de obstáculos, también de sufriimieintos, y no por ello un lugar exento de felicidad. Es decir, que el enfrentar periodos o momentos de tristeza, frustración, miedo, etc., es simplemente parte de la vida.
Hoy, sin embargo, con la maquinaria que nos obliga irremediablemente a ser felices todo el tiempo (y además demostrarlo obsesivamente en redes sociales) pareciera que los sentimientos “negativos” se vuelven aún más frustrantes, ya que les hemos negado el derecho a su normalidad, por cierto, por primera vez en la historia. Lo anterior genera sociedades obsesionadas con sentirse bien todo el tiempo, como si ello fuese un sinónimo de felicidad.
Sobre este conocimiento milenario, estudios recientes confirman su sabiduría, e incluso advierten que la aceptación de las emociones negativas como parte de la vida, no solo nos prepara para los momentos malos (algo así como hacían los estoicos), este entendimiento es también crucial para la salud mental.
Un estudio de Queensland University of Technology en Australia hecho en 2009, y liderado por el psicólogo David J. Kavanagh, encontró que los pacientes con problemas de alcohol y drogas que evitaban los pensamientos que les conducían a tomar, fueron más propensos a tomar. Es decir, reprimir los pensamientos que molestan genera que no puedan sanarse.
Por su parte, otro estudio de la Universidad de Florida aplicado en 2012 por Eric L. Garland arrojó resultados muy interesantes también con pacientes con dependencia al alcohol. Midiendo sus niveles de estrés por medio de su ritmo cardiaco, los pacientes que evadían pensamientos incómodos o dolorosos, sufrían más estrés que aquellos que simplemente afrontaban el pensamiento y lo dejaban pasar cuando este cesara por sí mismo (algo muy parecido a lo que ocurre con la meditación).
Aceptar el dolor nos provee de herramientas psicológicas para afrontar la existencia. Obsesionarnos, en cambio, con la idea de que somos raros por no sentirnos felices todo el tiempo, nos está ocasionando severos daños psicológicos. 

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