Muy recomendada.

viernes, 31 de enero de 2014

La mente también necesita circular bien


En nuestro cuerpo hay toxinas, y si la sangre no circula bien, estas toxinas se acumularán en determinados lugares. Para conservar la salud, nuestro organismo necesita expulsar esas toxinas. Los masajes estimulan la circulación sanguínea. Cuando la sangre circula bien, alimenta órganos como los riñones, el hígado y los pulmones para que puedan expulsar las toxinas del cuerpo. Por eso es importante que la sangre circule bien. Beber mucha agua y hacer la práctica de respirar profundamente ayuda también a expulsar las toxinas del cuerpo a través de la piel, los pulmones, la orina y los excrementos.
Todas las prácticas que nos ayudan a eliminar las toxinas del cuerpo son muy importantes. Supón ahora que en mi cuerpo hay una zona muy dolorosa, porque las toxinas se han acumulado en ella. Cada vez que la toco, me duele; esto equivaldría a tocar un nudo interior que se hubiera formado en la mente.
La energía de ser consciente, la práctica de ser consciente, es como la práctica de dar un masaje a una formación interior. Quizá tengas un bloque de sufrimiento, dolor, pesar o desesperanza en ti, algo que constituye un veneno, una toxina en tu conciencia. Has de practicar el ser consciente para abrazar y transformar esa toxina.
Abrazar el dolor y el pesar que sientes con la energía de ser consciente es exactamente la práctica de dar un masaje, aunque no a tu cuerpo sino a tu conciencia, que también puede tener una mala circulación. Cuando la sangre no circula bien, los órganos no funcionan adecuadamente y enferman. Cuando la psique no circula bien, la mente también enferma. Ser consciente es una energía que estimula y aumenta la circulación en los bloques de dolor.
Nuestros bloques de dolor, pesar, ira y desesperanza siempre quieren subir a nuestra mente consciente, a nuestra sala de estar, porque han crecido mucho y necesitan nuestra atención. Quieren emerger, pero nosotros no queremos que lo hagan porque nos resultan dolorosos, así que les bloqueamos el camino. Deseamos que sigan durmiendo en el sótano. Como no queremos afrontarlos, nuestro hábito es llenar la sala de estar con éstos huéspedes (mente).
Pero siempre que tenemos diez o quince minutos de tiempo libre y no sabemos qué hacer, estos nudos interiores surgen y nos ponen inhabitable la sala de estar.
Para evitarlo, cogemos un libro, encendemos la televisión, salimos a dar una vuelta con el coche o hacemos cualquier otra cosa para que la sala de estar esté ocupada, porque de ese modo las formaciones interiores no entran en ella.
Todas las formaciones mentales necesitan circular, pero nosotros no queremos que afloren porque no deseamos sentir el dolor que nos producen. Queremos que sigan encerradas en el sótano. Tenemos mucho miedo, porque creemos que si las dejamos subir, sufriremos enormemente. Por eso nuestro hábito diario es llenar la sala de estar con huéspedes como la televisión, los libros, las revistas y las conversaciones, para impedir que estas formaciones interiores afloren. Cuando persistimos en ello, creamos una mala circulación en nuestra psique y empiezan a aparecer síntomas de algún trastorno mental y de depresión. Se manifiestan en nuestro cuerpo o en nuestra mente.
Thich Nhat Hanh-

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