Muy recomendada.

martes, 18 de diciembre de 2012

La Esencia Viviente

Lo que los místicos desean comunicar antes que todo, es el aspecto profundo y dinámico de su experiencia. No se trata en absoluto de una aproximación filosófica de difícil comprensión buscando aventajar a otras, gracias a una dialéctica más sutil, ni del descubrimiento de una entidad abstracta o concreta, sino de la Realidad misma que vibra, borbotea y se esparce, fuente de toda vida. En esto concuerdan aun los testimonios venidos de diferentes tradiciones. Eligiendo algunos ejemplos, demostraremos cómo hindúes, cristianos y musulmanes, ven al universo surgir de una sobreabundancia de vida, de luz y de amor.



Para los místicos hindúes, Shiva, inseparable de su energía, es poder y fecundidad infinitos. Él actúa eternamente. La Realidad se estremece de vida bajo la forma de un Acto vibrante; la energía es, en verdad, una fuente brotando siempre, siempre en acción; vibrando da a conocer lo diferenciado y es vibrando también que ella conduce al reposo en lo indiferenciado. La imagen de la Rueda de las Energías, representa al Todo como dinamismo puro. Al centro de la Rueda habita el Corazón divino, cuya pulsación se propaga en energías irradiantes, que perpetuamente se despliegan hasta los confines del universo, y luego vuelven a reabsorberse al Centro para ser ahí no suprimidos, sino de alguna manera transfigurados.
Comentando la respuesta de Dios a Moisés: ego sum qui sum, el Maestro Eckhart observa que esta repetición del verbo significa el acto divino interior que revela en el movimiento la quietud de la Esencia. Es, dice él, una especie de ebullición o de efervescencia del Ser calentándose interiormente, que se licua y hierve en sí mismo y hacia sí mismo como la luz que se compenetra totalmente. Es así como el Ser vuelve sobre sí mismo y se refleja sobre su propia totalidad.
La Vida es como una especie de surtidor en el cual algo fermenta y se derrama primero en sí mismo, esparciendo todo lo que ella es dentro de ella, antes de diversificarse y expandirse afuera … . Dios sólo es la Vida, pues ni fin exterior, ni causa, ni razón
lo determinan, y vive en sí mismo, brotando espontáneamente sin dependencia, sin concepto y sin por qué.
Así la actividad divina es primero en ella misma bullitio, la Vida antes de la vida, después ebullitio, desbordamiento fuera de sí misma, escurrimiento desde el fondo divino que produce el universo.
Ruysbroek también habla de la actividad divina: La Unidad de las Personas es fecunda y engendra sin cesar la Sabiduría Eterna… Dios actúa sin cesar, pues Él es pura actividad según la fecundidad de su naturaleza; y si Él no actuara, Él no existiría, ni ninguna criatura en el cielo o sobre la tierra; por eso Él está siempre actuando y gozando sin cesar. Como esta Unidad vuelta hacia ella misma es puro goce, y vuelta hacia fuera, fecundidad, la fuente de la Unidad se derrama … . Fuente viva e insondable, dice Ruysbroek. Él compara también al Espíritu Santo con un mar agitado, del cual todo bien procede, permaneciendo, en tanto, reunido sin medida.
Efusión de Poder

Es de una sobreabundancia de la Esencia que surge el universo y, para todos nuestros místicos, la efusión consiste en un desbordamiento de poder, de luz, de beatitud o de amor.
Según Abhinavagupta, el Señor engendra el universo por el exceso de expansión de su energía innata.
Denys, hablando de la Causa Única, declara: Por el desbordamiento de su propia Esencia, ella ha producido todas las esencias. 0 aún más: la difusión infinitamente poderosa de Dios penetra todos los seres, y no hay ningún ser que esté privado totalmente de poder. En efecto, por la sobreabundancia de su poder confiere la fuerza a la debilidad misma.
Dios se esparce por entero en todas las cosas.
Efusión de Luz

lbn ‘Arabi, a propósito del Verbo Adámico, evoca la efusión inagotable de la revelación esencial; el término efusión es referido a estas palabras: Dios ha creado el mundo en las tinieblas, después derramó sobre él su Luz. Existe una doble irradiación o efusión: la una suprema, interior, en la cual Dios se revela de toda eternidad a él mismo, y después, a continuación, la efusión exterior, objetiva, en la cual aparecen las perfecciones, y que se produce en los seres, simples reflejos de la pura esencia.
El Maestro Eckhart afirma: El arte de Dios es llegar a ser perceptible a sí mismo en un resplandor que vuelve a sí. El cita también la palabra del profeta: Yo he derramado mi alma en mí mismo.
Y Denys, antes que él, evocaba este mismo desbordamiento de Dios iluminando el mundo como la Luz inteligible, aquella de la Consciencia del hinduismo. Se llama pues Luz inteligible este Bien que está más allá de toda luz, pues él es fuente de toda irradiación y él derrama la plenitud de su luz sobre todas las inteligencias… Es él quien las ilumina, quien renueva sus poderes intelectuales… quien contiene y conserva en sí el dominio del poder iluminador.
Efusión de Beatitud o de Júbilo

En el hinduismo es de la energía de la felicidad que emana el universo. Desde que la felicidad se despierta – escribe Abhinavagupta – aparece un surgimiento que se despliega hacia la energía de actividad, Pues, precisamente, la energía divina inseparable de Shiva es la toma de consciencia que Shiva hace de Sí, bajo la forma de beatitud cuando él tiende imperceptiblemente a dilatarse al salir de la plenitud indivisa y comienza a vibrar de manera espontánea con el fin de expresarse.
En el Reino de los Amantes, Ruysbroek insiste acerca de la altísima Unidad de la naturaleza divina, a la vez viviente y fecunda. Dios goza y actúa. Anteriormente a esa actividad divina, no reina en la Esencia más que la felicidad a la cual ningún camino conduce.
Efusión de Amor

lbn ‘Arabi define el orden divino como un movimiento liberándose del reposo: El movimiento, que es la existencia misma del mundo, es un movimiento de amor como lo indica la palabra del Profeta, pronunciada en el nombre de Dios: Yo era un tesoro escondido. Yo quise ser conocido, y Yo he creado el mundo, Si no hubiese existido este amor divino, el mundo no hubiese sido manifestado.
Denys no dice otra cosa: Dios es deseo y amor… Es él mismo quien, de sí mismo, se manifiesta a sí mismo… movimiento simple de un deseo amoroso que se mueve de sí mismo y actúa por sí mismo; que preexiste en el Bien y derrama el Bien sobre todo ser, antes de volver de nuevo hacia el Bien. Parece así que el Divino deseo es en sí, sin fin ni principio, como un círculo perpetuo que, gracias al Bien, a partir del Bien, en el seno mismo del Bien y con vistas al Bien, recorre una órbita perfecta, permaneciendo idéntico a sí mismo y conforme a su identidad.
Este mismo Bien cuyo amoroso deseo, a la vez hermoso y bueno, se extiende a la totalidad de los seres por la sobreabundancia de su bondad amorosa, sale también de él mismo cuando él ejerce sus Providencias a la vista de todos los seres, y en cierta manera los cautiva por el sortilegio de su bondad, de su caridad y de su deseo.
Podría evocarse en paralelo el amor mutuo de Shiva y de su Shakti, sus juegos amorosos que crean el universo. Y así como Shiva se da sin medida, llegando hasta ofrecer su Ser, para Denys: Este Dios que es Ser de manera sobre esencial hace don de su Ser a los otros seres y produce toda esencia.
Flujo y Reflujo

Que la efusión sea de luz, de poder o de amor, que la manifestación emane y se reabsorba, sin jamás dejar huella, en el corazón de la unidad, es lo que se esfuerzan por explicar las fórmulas lapidarias que se hacen eco a lo largo de las diferentes tradiciones, Con la misma sobriedad y el mismo vigor intransigente, ellas intentan explicar el misterio de la manifestación y del retorno al Uno, de resolver la contradicción aparente del Uno y lo Múltiple.
Abhinavagupta evoca así la Consciencia indiferenciada: Es en ella misma, por ella misma y a partir de ella misma que ella manifiesta todo lo que existe,
Denys cita a San Pablo para mostrar que lo Bello-y-Bien es al mismo tiempo principio, fin y medio: todo es de él, por él, en él y para él. Denys todavía, con una extrema concisión, define de la siguiente manera la Unidad divina: A partir de quién, a través de quién, en quién y por quién existe todo ser, todo orden, toda subsistencia, toda plenitud y toda conversión,
Para los hindúes, el todo no es más que uno con Shiva – Ser cósmico, ser individual, energía que sirve de velo y de obstáculo a la realización del Ser – puesto que Shiva es la sola existencia que se vela y se devela a su voluntad. Es por lo que Somananda se saluda a sí mismo en estos términos: Que Shiva, que no es totalmente inmanente, rinda homenaje a sí mismo. Ser todo expansión, con la ayuda de su propia energía, Shiva por sí mismo se hace obstrucción a sí mismo, obstrucción que no es otra que el Ser!
lbn al-Faridh decía también: Y es de mí a mí que va mi salutación.
A quien le preguntara en qué consisten los estados de emisión, de manifestación y de reabsorción del universo, Abhinavagupta contestaba: Es la proyección del Ser en el Ser y por el Ser. Por el Ser, glosa Jayaratha, es decir, que excluyendo todo recurso de la naturaleza, la emisión tiene lugar en el Ser y no en un lugar o en un tiempo en que estarían separados. Es la obra del Ser, únicamente de él, que es sujeto y objeto de conocimiento. La Proyección es una fulguración, bajo formas internas y externas a través de los variados aspectos de la manifestación. Así sólo la suprema Consciencia, la plenitud perfecta, es la que fulgura … .
Y el Maestro Eckhart: El Señor habla así por la boca del profeta: Yo quiero conducir el alma noble a la soledad y ahí hablaré en su corazón… Uno con el Uno, Uno del Uno, Uno en el Uno y, en el Uno, Uno eternamente.
En su sobreabundancia, la Esencia fluye y se manifiesta; después refluye y se revela en tanto que única. Pero fluya o refluya, ella permanece inmutable como el firmamento, pues todo sucede por ella misma y en ella misma. La Deidad es una fuente, todo
proviene de ella y todo se escurre de nuevo hacia ella, así ella es igual a un mar.
Cuando me pierdo en Dios, vuelvo de nuevo al lugar donde he estado por toda una eternidad, antes de mí, declara Angelus Silesius.
Ruysbroeck dice del hombre que posee el don de la fuerza espiritual: Quiera Dios esparcirse y derramarse como la mar tormentosa con inconcebibles delicias en todos aquellos que son capaces de recibirlo, para después refluir con ellos y atraerlos a las altas olas de su unidad. Ellos no pueden resistirse cuando se les ofrece la unidad; se escurren en este movimiento de flujo y reflujo, llevados por un amor verdadero.



Para expresar el movimiento sobre un fondo de inmutabilidad, los hindúes recurren a la imagen de la ola que se infla, se rompe en la orilla, después refluye mar adentro. Fuente de todo dinamismo – sin ella, no hay movimiento ni vida – ella es también fuente de reposo en lo indiferenciado, pues flujo y reflujo tienen lugar en el lago infinito de la energía consciente, océano de la suprema ambrosía, fuente de donde fluye el universo. Lago transparente del que todo surge y que no se derrama sino en sí mismo.
Este doble movimiento de ir y retornar, que tiene su vertiente en sí mismo, ha sido igualmente explicado por Denys en estos términos: Pero, traigamos de nuevo todas estas potencias a la unidad y digamos que no existe más que un Poder simple, productor de unión y de cohesión, que es el principio espontáneo de su propio movimiento, que va del Bien hasta el último de los seres para volver desde allí de nuevo hacia el Bien, realizando su vuelta cíclica a través de todos los niveles, partiendo de sí hasta sí, sin cesar jamás, idéntico a sí mismo, este girar sobre sí mismo.
Este intenso, este prodigioso movimiento de vida se vuelve a encontrar en el Maestro Eckhart. La imagen de una rueda que gira sobre sí misma expresa la creación eterna, Dios pasa primero de la unidad a la diversidad, del Dios personal a la Trinidad, incluyendo al Verbo, encerrando al mismo tiempo la multiplicidad del universo para retornar a la indivisible unidad. Esta emanación del mundo no debe ser considerada como un simple espejismo sin alcance real; el mundo es al contrario soberanamente positivo. En efecto, el proceso a partir de la unidad indivisa hasta la universalidad diversificada, y después el retorno a la unidad primera – flujo y reflujo – tiende a la plenitud. Dios, dice Eckhart, no descansa ahí donde es el primer comienzo. Al contrario, él descansa ahí donde es el fin y la tregua de todo ser. No es que este ser se vuelva nada; al contrario, él ha logrado su más alta perfección.
La posición de los hindúes es similar: Shiva a través de la energía se manifiesta en el universo y después, a través de esa misma energía, retorna a Paramashiva, es decir, Shiva en su supremacía, que contiene todo en sí mismo y que en ese desplegarse se ha enriquecido.
Ibn ‘Arabi admite que el final es más perfecto que el comienzo: Pues la Esencia ama la perfección; o el conocimiento que Dios tiene de Él mismo en tanto que es independiente de los mundos, no se relaciona más que a Él solo; para que el conocimiento sea perfecto en todos los grados, es necesario que el conocimiento de lo efímero… se realice igualmente. La perfección o Infinitud divina se expresa entonces en que ella manifiesta el conocimiento relativo tanto como el conocimiento eterno, de manera que la dignidad divina del Conocimiento sea perfecta bajo uno u otro aspecto… De la misma manera se perfecciona el Ser…El Ser eterno es el Ser de Dios en Él mismo; el ser no eterno es el Ser divino reflejándose en las formas del mundo inmutable… Él se manifiesta pues a Él mismo en las formas del mundo para que el Ser sea perfecto bajo todos los aspectos, aunque lo relativo no puede agregar nada a lo eterno.
Así, nada puede escapar a la única Realidad, lo múltiple no podría provenir de otra cosa que de la unidad. No hay contradicción sino necesidad; Denys dice: Nada existe si no participa en cierta manera de la unidad de Aquel que contiene por adelantado y en síntesis la totalidad universal, sin exceptuar los opuestos mismos, que en él se reducen a la unidad. Sin la unidad, la multiplicidad no existiría; sin la multiplicidad, al contrario, la unidad permanece posible.
Lilian Silburn.
Traducido y extractado por Viola Fishman de
Lilian Silburn.- Les Voies de la Mystique.-Hermes

No hay comentarios:

Publicar un comentario