Muy recomendada.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Felicidad o tristeza; cualquiera que te acontezca, sigue tu camino intacto, desapegado.Budha

  
  Si llega la felicidad, no te excites demasiado; si llega la tristeza, no te deprimas. Tómate las  cosas con tranquilidad. La felicidad y la tristeza están separadas de ti; permanece sin identi-  ficarte..., como si no te estuviera ocurriendo a ti, sino a otro cualquiera. Justamente intenta  este pequeño ingenio, es una receta muy valiosa: como si no te estuviera sucediendo a ti, sino a  otro cualquiera; tal vez a un personaje de novela o de cine, y tú simplemente eres un espectador.  Sí, la infelicidad está allí, la felicidad está allí, pero está allí, y tú estás aquí.  No te identifiques; no digas: "Soy infeliz"; di: "Soy sencillamente el observador. La infelici-  dad está allí, la felicidad está allí; yo simplemente soy un observador". Afiánzate más y más en  la observación; eso es lo que Buda llama vipassana, visión interior. Mira con los ojos interio-  res lo que esté ocurriendo y permanece intacto, desapegado.

  EL TEXTO DEL LIBRO:

  Sería un hecho muy importante sí en el futuro algún día empezáramos a cambiar los patrones de  nuestros idiomas, pues están muy arraigados en la ignorancia. Cuando sientes hambre, inmediata-  mente dices: "Estoy hambriento", lo que crea una identificación y te da la sensación de ser tú  el hambre. No lo eres. El lenguaje debería ser de tal manera que no diera esta noción equivoca-  da —estoy hambriento. Lo que realmente ocurre es que estás observando que el cuerpo tiene ham-  bre; estás observando el hecho de que el estómago está vacío, que desea alimento —pero no eres  tú. Tú eres el observador. Siempre eres el observador, nunca eres el que hace. Siempre permane-  ces como un observador distante.  Afiánzate más en la observación —Buda lo llama vipassanaa, visión interior. Mira con los ojos  interiores lo que esté ocurriendo y permanece intacto, desapegado.  Un rudo y antiguo luchador indio volvió tambaleándose al campamento con siete flechas que le a-  travesaban el pecho y las piernas.  El doctor lo examinó y observó: "Un aguante asombroso. ¿No le duelen?"  El veterano gruñó: "Solo cuando me río".  De hecho, no deberían dolerle ni siquiera entonces, y no le duelen a un Buda. No es que un Buda  no sienta dolor si lo atraviesas con una flecha, el dolor existe. Incluso puede que lo sienta  más que tú, porque la sensibilidad de un Buda es óptima; tú estás insensible, apagado, medio  muerto. Los científicos dicen que solamente dejas que un dos por ciento de la información lle-  gue a ti; el noventa y ocho por ciento se mantiene fuera de ti, tus sentidos no permiten que se  introduzca. Solo te llega el dos por ciento del mundo; el noventa y ocho por ciento queda exclui-  do. Para un Buda el cien por cien del mundo está disponible, por lo tanto, cuando una flecha a-  traviesa a un Buda, lo hiere al cien por cien. A ti solo te hiere un dos por ciento.  Pero existe una gran diferencia: un Buda es un observador. le duele, pero no le hiere a él. Lo  observa como si le estuviera sucediendo a otra persona. Siente compasión hacia el cuerpo —sien-  te compasión, tiene compasión hacia su cuerpo—, pero sabe que él no es el cuerpo.  Lo cuida minuciosamente porque respeta el cuerpo. Es un magnífico sirviente, una buena casa don-  de vivir —lo cuida, pero permanece distanciado.  Aun cuando el cuerpo se esté muriendo, el Buda sigue observándolo. Mantiene su observación has-  ta el último momento. El Buda muere y sigue observando su cuerpo muerto. Si alguien puede obser-  var hasta tal extremo, ha ido más allá de la muerte.



1 comentario:

  1. HOla que buen post.. me encanto. La vision de Budismo, es interesante y nos hace ver al mundo tal como es..pero que dificil es dejar atras la pasion y el apego. en buenahora el blog.

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