Muy recomendada.

martes, 16 de agosto de 2011

EL DESPERTAR Y EL MOVIMIENTO HACIA AFUERA


Tradicionalmente, la expansión natural de la vida de una persona, que se corresponde con el movimiento hacia afuera, ha sido usurpada por el ego, que la utiliza para su propia expansión. "Mira lo que yo puedo hacer. Apuesto a que tú no puedes hacerlo", les dicen unos niños a otros a medida que van descubriendo la fuerza y capacidades cada vez mayores de su cuerpo. Es uno de los primeros intentos del ego de hacerse notar mediante la identificación con el movimiento hacia fuera y el concepto de "más que tú" y de hacerse más fuerte a base de disminuir a otros. Por supuesto, es sólo el principio de las muchas perceciones falsas del ego.
Sin embargo, cuando la conciencia crece y el ego deja de dirigir nuestra vida, ya no hay que esperar a que tu mundo se encoja a causa de la vejez o de la tragedia personal para despertar a tu propósito interior. A medida que empieza a emerger la nueva conciencia en el planeta, son cada vez más las personas que ya no necesitan una sacudida para despertar. Emprenden el proceso de despertar voluntariamente, aunque aún sigan enfrascados en el ciclo de crecimiento y expansión hacia fuera. Cuando ese ciclo deje de estar usurpado por el ego, la dimensión espiritual vendrá a este mundo con el movimiento hacia fuera -pensamiento, lenguaje, acción, creación- como con el movimiento de retorno: calma, Ser y disolución de la forma.
Hasta ahora, la inteligencia humana, que no es más que un minúsculo aspecto de la inteligencia universal, ha sido distorsionada y mal utilizada por el ego. Yo lo llamo "inteligencia al servicio de la locura". Para fisionar el átomo se necesita una gran inteligencia. Utilizar esa inteligencia para construir y acumular bombas nucleares es una locura, o en el mejor de los casos, muy poco inteligente. La estupidez es relativamente inofensiva, pero la estupidez inteligente es peligrosísima. Esta estupidez inteligente, de la que podemos encontrar infinidsad de ejemplos obvios, está poniendo en peligro nuesrtra supervivencia como especie.
Sin el deterioro provocado por la difusión egótica, nuestra inteligencia entra en plena sintonía con el cielo expansivo de la inteligencia universal, y su impulso de crear. Nos hacemos participantes conscientes en la creación de forma. No somos nosotros los que creamos, sino la inteligencia universal, que crea a través de nosotros. No nos identificamos con lo que creamos, y así no nos perdemos en lo que hacemos. Estamos aprendiendo que el acto de creación puede implicar energía de enorme intensidad, pero que eso no es "trabajo duro" o agobiante. Tenemos que entender la diferencia entre estrés e intensidad, como veremos. La lucha o el estrés es una señal de que algo ha regresado, como también lo son las reacciones negativas cuando encontramos obstáculos.
La fuerza que hay tras los deseos del ego crea "enemigos", es decir, reacción en forma de una fuerza contraria de igual intensidad. Cuanto más fuerte es el ego, más fuerte es la sensación de separación entre las personas. Las únicas acciones que no provocan reacciones contrarias son las que van dirigidas el bien de todos. Son incluyentes, no excluyentes. Unen, no separan. No son para "mi" país, sino para toda la humanidad; no son para "mi" religión, sino para la emergencia de la conciencia en todos los seres humanos; no son para "mi" especie, sino para todos los seres sensitivos y toda la naturaleza.
También estamos aprendiendo que la acción, aunque sea necesaria, es sólo un factor secundario en la manifestación de nuestra realidad exterior. El factor primario de la creación es la conciencia. Por muy activos que seamos, por muchos esfuerzos que hagamos, es nuestro estado de conciencia el que crea nuestro mundo, y si no hay cambio en ese nivel interior, ninguna cantidad de acción representará una diferencia. Sólo recreamos versiones modificadas del mismo mundo una y otra vez, un mundo que es un reflejo externo de nuestro ego.

                                                                                                           Eckhart Tolle

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