Muy recomendada.

martes, 4 de diciembre de 2012

Sanación frente a Curación


Después de mi apoplejía empecé a coleccionar diferentes tratamientos –occidentales, alternativos o espirituales. De vez en cuando alguien me llamaba para explicarme sobre esta terapia o aquella medicina, y más tarde los discutía con mi médico y mis amigos.  Algunos los seguía y otros no. Un amigo me sugirió un tratamiento que incrementaba los niveles de oxígeno en el cerebro…..
Mi propia sanación tuvo muchas causas: mi gurú, el uso de marihuana con fines medicinales, la ayuda de diversos chamanes, tratamientos de acupuntura, biofeedback, una droga experimental llamada acetilcolina, pastillas, pastillas y más pastillas, terapia con agua, terapia física, Feldenkrais, logopedia, y –sobre todo- el amor de mucha gente… ¡de tanta y tanta gente!
He pasado a través de los procesos de sanación y curación. Mientras que la curación ayuda a nuestros cuerpos a ser lo que eran antes, la sanación utiliza lo presente para evolucionar más profundamente hacia la Conciencia del Alma, y en algunos casos, hacia la “mejora” física. Como ya he comentado, aunque no me he curado de los efectos de mi apoplejía, es cierto que he pasado por una profunda sanación de mi corazón y de mi mente, lo que hace que estos dos últimos años se hallen entre los más felices de mi vida. Para el Ego esto parece algo imposible; racionalización del dolor, mecanismo para afrontar situaciones o engaño, el Ego sólo representa una faceta de lo que somos. El cuerpo y su viaje hacia la madurez puede observarse desde una perspectiva más amplia. Cuando vemos los cambios en nuestro estado físico desde la perspectiva del Alma, la diferencia es destacable: en vez de lamentarnos por quienes éramos, nos maravillamos al ver en quiénes nos estamos convirtiendo. Si sabemos que somos algo más que un cuerpo, somos libres de relacionarnos con él sin miedo, con compasión en vez de resentimiento hacia nuestro dolor y nuestros sufrimientos.
Tiempo y Cambio
Tiempo y cambio están interrelacionados. Calculamos el tiempo por lo que cambia, y calculamos el cambio por el incremento de tiempo. Para muchos de nosotros, la prensión hacia lo que oculta el futuro es sinónimo de miedo al cambio. Como Egos que somos, nos resistimos a apartarnos de lo conocido; el cambio es casi siempre visto como una amenaza, ya que el Ego sólo se siente cómodo con lo que puede controlar. Pero aquí es donde el proceso consciente de envejecimiento puede ayudarnos a librarnos de la ansiedad que sentimos con la idea del cambio, porque el Alma no se halla sujeta al cambio de la misma manera que el Ego. No calcula el tiempo de la misma manera. El tiempo del Alma se mide en encarnaciones. Para el Alma cada encarnación es como una hora –ó un minuto. Mientras que el Ego existe en tiempo terrestre, el Alma lo hace en tiempo del Alma. El Alma piensa en términos de infinitos eones. Si aprendemos a permanecer en ambas perspectivas temporales, experimentaremos una quietud que nos permite aceptar las turbulencias fruto del cambio, además de captar nuestra propia respiración. Liberándonos del apego del Ego a las cosas permanentes, y familiarizándonos con lo que existe eternamente en cada momento presente, aprendemos a aproximarnos al cambio con curiosidad en vez de con temor, y a estar más tranquilos “sin saber”, de lo que estábamos anteriormente.
Con frecuencia explico una historia maravillosa que ilustra esta forma de sabiduría. Había una vez un granjero que tenía un caballo al que cuidaba mucho. Un día el caballo huyó, y el vecino vino a su casa para expresar sus condolencias.
-Lo siento mucho por lo que supone esta pérdida-, dijo, intentando demostrar buenas maneras.
- Nunca se sabe- replicó el granjero.
Unos días más tarde el caballo regresó acompañado de una hermosa yegua salvaje. El vecino fue de nuevo a felicitarlo:
-¡Esto es fantástico! –dijo-. ¡Qué golpe de suerte!
A lo que el granjero repuso:
- Nunca se sabe.
Unos días más tarde, cuando el hijo del granjero intentaba domar a la yegua, ésta lo lanzó al suelo, rompiéndole una pierna. Por supuesto, el vecino fue a expresar su preocupación por el suceso. El granjero repuso:
-Nunca se sabe.
Poco después el ejército cosaco llegó al pueblo para reclutar gente joven para luchar en la guerra. El hijo del granjero se libró al tener la pierna rota.
-¡Eres un hombre afortunado!- dijo el vecino al enterarse. Pueden imaginarse cuál fue la réplica del granjero.
El quid de la cuestión es que nunca sabemos qué cambios van a suceder, o cómo van a afectarnos. La ley de la impermanencia, anicca, nos exige que aceptemos los cambios con el mejor ánimo posible y a permanecer abiertos a lo desconocido.
Hace unos años conocí a un hombre, de nombre Tom Andrews, que se presentaba a las elecciones para senador en el estado de Maine. Tom había luchado en tres ocasiones contra el cáncer, una de las cuales le había costado una pierna. Me impresionó su proceder tranquilo, y le pregunté cómo se las apañaba para estar con tantos ánimos.
-Después de la tercera vez –me dijo- finalmente capté el mensaje. Necesitaba abrirme y dejar de vivir mi vida con miedo. Busqué los mejores tratamientos, tradicionales y “alternativos”, y continué con mi vida. La cosa más importante es no temer al futuro y permanecer abierto a cualquier cosa. Por extraño o nuevo que pueda ser, me digo a mí mismo: esto es con lo que ahora me toca esforzarme.
Así que planeamos lo que podemos, y seguimos con lo que hay.
Ram Dass
Extractos de “Aquí Todavía”, Ed. Kairós, Barcelona, 2002

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