Muy recomendada.

jueves, 12 de enero de 2012

Los Ciclos de la vida

FUENTE http://sarvavita.com
Elegimos a nuestros padres, que suelen ser almas con las que hemos interactuado en vidas anteriores. Aprendemos de niños, de adolescentes, y de adultos, y evolucionamos espiritualmente a medida que nuestros cuerpos cambian. Cuando el alma abandona el cuerpo en el momento de la muerte física, seguimos el aprendizaje el planos superiores, que en realidad son niveles superiores de conciencia. Repasamos la vida que acabamos de abandonar, aprendemos las lecciones y preparamos la próxima existencia. El aprendizaje no termina con la muerte del cuerpo. Existen muchos niveles de conciencia que visitamos cuando el alma abandona el cuerpo físico.
El recuerdo de hechos reprimidos u olvidados, a menudo dolorosos, suele estar relacionado con la curación. Recordar esos hechos con sus emociones correspondientes, lo que se llama catarsis, es una piedra angular del psicoanálisis y de otras psicoterapias tradicionales.
Experimentamos  cómo  nos  sentimos  en  otros  cuerpos  en  tiempos  antiguos,  mientras  vemos nuestras diversas muertes y renacimientos, y nos invade el descubrimiento certero e infalible de que   somos   almas  eternas,   no   simples   cuerpos  individuales.  No   llegamos   a   morir   nunca, simplemente   cambiamos   de   nivel   de   conciencia.   Al   ser   nuestros   seres  queridos   también inmortales, nunca llegamos a separarnos de ellos. La constatación de nuestra auténtica naturaleza espiritual supone una potente fuerza de curación.
Pero sobre todo comprenderá lo que todos tenemos en común: estamos más allá de la vida y de la muerte,  más  allá  del  espacio  y  del  tiempo.  Todos  somos  inmortales  y  existimos  por  toda  la eternidad.
No  nacemos  en  nuestra  familia  por  accidente  ni  por  casualidad.  Elegimos  las  circunstancias  y preparamos  un  plan  para  nuestra  vida  antes  incluso  de  ser  concebidos.  Nos  ayudan  en  esa preparación  los  seres  espirituales  llenos  de  amor  que  después  nos  guían  y  protegen  mientras estamos en el cuerpo físico y se va desarrollando el plan de nuestra vida. Podemos llamar destino a los hechos que van desarrollándose después de que los hayamos elegido.
Existen  pruebas  importantes  de  que  vemos  los  principales  acontecimientos  de  la  vida  que tenemos  por delante, los puntos del destino, en la etapa de preparación que precede  a  nuestro nacimiento.
Ya  está  programado  quienes  serán  las  personas  más  importantes  que  conoceremos,  cuáles  los reencuentros  con  almas  gemelas  y  compañeros  del  alma,  incluso  los  lugares  en  que  sucederán
esos hechos.
En el curso del destino no existen casualidades. Aunque todos los seres humanos tenemos un plan vital, también tenemos libre albedrío, lo mismo que  nuestros  padres.  Nuestras  vidas  y  las  suyas  quedarán  afectadas  por  las  elecciones  que hagamos  mientras  estemos  en  estado  físico,  pero  los  puntos  del  destino  sucederán  de  todos modos.  Conoceremos  a  las  personas  que  proyectamos  conocer  y  nos  enfrentaremos  a  los obstáculos   que   habíamos   previsto   mucho   antes   de   nacer.   Sin   embargo,   la   forma   de desenvolvernos  ante  esas  situaciones,  nuestras  reacciones  y  decisiones  subsiguientes  son  la expresión  de  nuestro  libre  albedrío.  El  destino  y  el  libre  albedrío  coexisten  e  interactúan constantemente. Son cosas complementarias, no contradictorias.
El   alma   parece   reservarse   un   cuerpo   concreto,   aproximadamente   en   el   momento   de   la concepción.  No  puede  ocuparlo  otra  alma.  Sin  embargo,  la  unión  del  cuerpo  y  el  alma  no  se completa hasta el momento del nacimiento. Antes de eso, el alma de un ser nonato puede estar tanto dentro como fuera del cuerpo, y a menudo es conciente de experiencias que suceden al otro lado.  También  puede  percatarse  de  hechos  que  ocurren  fuera  de  su  cuerpo  e  incluso  el  de  su madre.
Cuando un embarazo no termina bien, no es infrecuente que la misma alma ocupe el cuerpo de un hijo posterior de los mismos padres.
Algunas partes son de uno de los libros de Brian Weiss.
Sarvavita.

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