CUENTOS DEL HIMALAYA, EL RICO Y EL POBRE
Era un hombre muy rico y acostumbrado a ser halagado por los que le rodeaban. Las gentes de la localidad se deshacían en alabanzas hacia él, que se había vuelto arrogante y fatuo. Pero había un hombre muy pobre que no le prodigaba ningún tipo de halagos y que se mostraba indiferente a la opulencia y el poder del hombre rico. Herido en su orgullo, el hombre rico citó al pobre y le dijo: -Vamos a ver, si yo te regalase el veinte por ciento de mi fortuna, ¿me adularías? El hombre pobre, sin dudarlo un instante, repuso: -Sería un reparto demasiado desigual para hacerte merecedor de mis halagos. -Pero ¿y si te entregara la mitad de mi fortuna? -insistió el hombre acaudalado. -En ese caso estaríamos en igualdad de condiciones y no habría ningún motivo para adularte. Pero el hombre rico volvió a intentarlo: -Pero ¿y si te regalase toda mi fortuna? -Si yo fuera el dueño de una fortuna tal, ¿por qué iba a adularte? Fuera de sí, herido en lo más profundo de su ser, se dio la vuelta el hombre rico y, desesperado, se alejó.
Nada perturba tanto la mente y enturbia tanto las emociones y el proceder como la vanidad. El egocentrismo nos hace muy vulnerables y dependientes y, además, nos aleja de los demás e incluso de nuestro propio ser. En la senda hacia la liberación de la mente, hay que aprender a dominar el ego y superar emociones negativas que entroncan y se alimentan con el mismo: soberbia, infatuación, envidia, afán de manipulación y tantas otras que envenenan el alma.

Comentarios
Publicar un comentario